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27 de diciembre de 2017

De cómo el nacionalismo intenta matar al multilateralismo

El nacionalismo, que divide entre "ellos" y "nosotros", no reconoce la importancia de la cooperación para la supervivencia.
El siglo XX comenzó con el auge del nacionalismo. Suelen decir que la historia es cíclica, que todo se repite, pero espero que no sea así. Y es que la última vez que el nacionalismo tuvo su gran auge empezó la Primera Guerra Mundial. Eso fue hace 100 años. Y ese multilateralismo, construido tras la Segunda Guerra Mundial "para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional"[1], se encuentra en serios aprietos tras el nuevo auge del nacionalismo en la actualidad.

Volviendo al nacionalismo renaciente, cabe acotar que ella no viene sola. El nacionalismo es una enfermedad transmitida por la plaga de la "derecha", que ha evolucionado hasta convertirse en una derecha "izquierdosa" en algunos casos, por lo general latinoamericanos. El auge de gobiernos de derecha alrededor del mundo es un claro indicador del creciente nacionalismo.

Los casos más evidentes es el Brexit y la asunción de Trump en la presidencia. Pero me interesa más enfocarme en lo que ha sucedido en la política exterior de EE.UU.

Con su lema de campaña "Estados Unidos primero", Trump ha dado en el clavo de muchos estadounidenses que creen que su país se enfoca más en los problemas en el extranjero que en los problemas domésticos. De hecho, inclusive hasta la izquierda más "revolucionaria" se sintió atraída hacia Trump durante la campaña por ese planteamiento.

Vamos a ir repasando lo que ha hecho Trump hasta el momento como política exterior:

1. Si no me gusta, me retiro:

Trump retiró a su país de la Asociación TransPacífico (TPP), firmada en 2015 con once países de Asia-Pacífico –entre los que no estaba China– y que representan el 40% de la economía mundial. En su lugar, el presidente quiere negociar tratados “bilaterales” para “traer los empleos y las industrias a suelo estadounidense”.

El 1 de junio Trump anunció el retiro del acuerdo de París al que llegaron 195 países en 2015, con la intención de buscar “un nuevo acuerdo” mundial sobre cambio climático. Calificó al acuerdo de París de “muy injusto” para su país, aduciendo que permitirá a otras naciones sacar ventaja sobre la industria estadounidense. El retiro efectivo no ocurrirá antes de noviembre de 2020.

Estados Unidos anunció el 12 de octubre que se retiraba de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), a la que acusa de ser “anti-israelí”. Conservará el estatus de observador hasta su retiro efectivo a fines de 2018.

En diciembre, Estados Unidos puso fin a su participación en el Pacto Mundial sobre Migración por estimar que incluye “disposiciones que son incompatibles con las políticas” de Trump en materia de inmigración y refugiados. En septiembre de 2016, los 193 miembros de la Asamblea General de la ONU, aprobaron por unanimidad la Declaración de Nueva York para los refugiados y los migrantes, que busca mejorar en el futuro su gestión internacional.

2. A mi manera es mejor (renegociar):

Trump se comprometió a “destrozar” el acuerdo nuclear firmado en 2015 entre Irán y el grupo 5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China, Francia y Alemania). Finalmente solo se negó a “certificar” que Teherán respeta sus compromisos, a pesar de las garantías de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), y dejó en manos del Congreso la decisión sobre el futuro del acuerdo.

También emprendió nuevas negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés) que une desde 1994 a Estados Unidos, Canadá y México. Trump afirma que ese acuerdo contribuyó a trasladar a México millones de empleos industriales. Es más conciliador con Canadá, el primer destino de las exportaciones estadounidenses y su primer suministrador de petróleo. Si las negociaciones para una versión “mejorada” del TLCAN no llegan a buen término este año, Washington lo abandonará y negociará acuerdos bilaterales con sus dos vecinos.

Trump pide una reforma de la ONU, de cuya “burocracia” y “mala gestión” es crítica. Cabe destacar que Washington es el primer financista de las Naciones Unidas. La embajadora norteamericana Nikki Haley ha destacado que Washington estaba evaluando su “nivel de compromiso” dentro de “todos los organismos del sistema de Naciones Unidas”.

3. Más te vale... (Amenazar)

Trump llegó a calificar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de “obsoleta”. Luego rectificó y pidió a sus aliados que aumenten sus presupuestos militares. Cayó muy mal cuando, en mayo no dio su apoyo explícito al “artículo 5”, que prevé que los aliados le den su apoyo a uno de sus miembros en caso de agresión exterior.

La Organización Mundial de Comercio está en la mira de Trump. En la reunión del G20 en julio en Hamburgo, el secretario del Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin, no descartó renegociar los acuerdos multilaterales que el organismo prevé poner en vigor. Los reglamentos de la OMC podrían impedir a Washington aplicar su proyecto de “Border Adjustement Tax” (tasa de fronteras) que le daría ventajas a sus exportadores y castigaría a los importadores. Pero la iniciativa divide al propio gobierno estadounidense. Trump la encuentra “demasiado complicada”.

Recientemente, tras la decisión unilateral de ubicar la Embajada de Estados Unidos en Jerusalén, un grupo de países propuso tanto en el Consejo de Seguridad (que no tuvo éxito por el poder de veto de EE.UU.) como en la Asamblea General de Naciones Unidas, el rechazo a la acción estadounidense. Ante ello, Trump amenazó con eliminar todo tipo de ayuda financiera a cualquier país que vote en contra de EE.UU. De hecho, con esa amenaza Trump logró 9 votos a su favor y 35 abstenciones.

A través de la historia, EE.UU. se ha caracterizado por su unilateralismo, es decir, actuar sin importar lo que los demás piensen, pero Trump lo ha llevado más allá, pudiendo provocar que otros países actúen de la misma manera y colocando en riesgo la cooperación entre países en diversos temas.

La escena se repite en otros países, como el ya nombrado Brexit, pero también el retiro de Venezuela en la OEA (aunque Venezuela tiene un discurso social de izquierda, también posee un verbo nacionalista de derecha), el posible retiro de Argentina de la UNASUR [2], el retiro de Colombia del Pacto de Bogotá [3] (Pacto que reconoce la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia) y hasta el desacato del gobierno brasileño de aplicar las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para impedir la construcción de la represa de Belo Monte[4]. Todos ellos ocurren bajo el mismo argumento: el "interés nacional", pero habría que comprender que (o quién) entienden ellos por "nación".

Sin embargo, casos más alentadores existen por parte de otras grandes potencias, como lo es China, que probablemente desee aprovechar el protagonismo en los espacios multilaterales que EE.UU. poco a poco va abandonando. A pesar de ello, de momento, el tiempo dirá que ocurrirá con el multilateralismo.

Notas:
  1. Según señala el artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas: http://www.un.org/es/sections/un-charter/chapter-i/index.html
  2. "Argentina estudia abandonar la Unión de Naciones Suramericanas", disponible por: http://www.el-nacional.com/noticias/mundo/argentina-estudia-abandonar-union-naciones-suramericanas_215345
  3. "Santos pide unidad nacional tras retiro del Pacto de Bogotá". Disponible por: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12404827
  4. "Brasil se enfrenta a la OEA por la construcción de una central hidroeléctrica en la Amazonia". Disponible por: http://www.elmundo.es/america/2011/04/05/brasil/1302036122.html

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